Escritos del exime Dr. Bungalou Lumbago A'tersbandas, doctor en Patafísica, Prefecto del Sena, Excentrico.
TRES GALLINAS FRANCESAS, DOS TORTOLAS Y UNA PERDIZ EN UN PERAL
Tres gallinas francesas acusadas de gallocidio se encaramaron a los lomos de un peral. El Árbol frutal, medio furioso, discutía con las aves hasta que llegó la
hora del Kikiriki. El tono afrancesado del canto gallináceo sobresaltó a dos tórtolas que se besaban impacientes como un salmón en la red. El peral, que no
se andaba por las ramas... impuso su criterio respaldado por la moraleja insuperable de la perdiz Brighton, su única amiga en el mundo.
Pasaron 69 años y...
Domino a los monjes con un solo dado, un salvaje tira de mi hacia el contorno irreal del vientre del mundo, no necesariamente solipsista. Horca de un chacal predispuesto a la lucha bajo el fulgor ocarino de un craneo insistente, sueño pedir peras al patíbulo mientras en el mostrador asoma el crimen a punto de caramelo. En el instante fugaz de minusculos montes apretados como muslos puertorriqueños baja la cuesta un galgo bastardo, temple inalterable de un sedicioso harén de pescadores. Al sur tintinea el botiquín, el llavero trepa por el camal de un orden mantecoso en la estela de un arco voltaico, el que agito cuando huyo de la humanidad.
Y el salmón... el salmón... ¡A LA CAZUELA!
escrito hascia el año 8471 desde el reinado del Padre Ubú (vulg. 1996)
LOS CAJONES
¡Oh vida mía! os encuentro cansada, derretida en bloques, irritada, deslizándoos absurda sobre el hielo áxido de mis alturas.
Remo sin impaciencia, impulsado por la festividad portuaria del músculo que aparta la brizna de hierba salpicada por un milímetro del testarudo girasol que ennoblece mi vida.
Dormito en el ascensor, océano de luz que enveneno raptando la cáscara física del platanero.
Tocotoc en el ascensor.
¿Porqué clamáis novedad, alma feroz, si vuestra poderosa roca caliza es risa impune a mi voz ?
Oh vida mia, levantaos y abrazad con vuestros tentáculos el tolón de esa campana que gime golpeando mi tumbita atravesada por el silencio de una burra, consumida en el silencioso desierto de una burra.
TRES GALLINAS FRANCESAS, DOS TORTOLAS Y UNA PERDIZ EN UN PERAL
Tres gallinas francesas acusadas de gallocidio se encaramaron a los lomos de un peral. El Árbol frutal, medio furioso, discutía con las aves hasta que llegó la
hora del Kikiriki. El tono afrancesado del canto gallináceo sobresaltó a dos tórtolas que se besaban impacientes como un salmón en la red. El peral, que no
se andaba por las ramas... impuso su criterio respaldado por la moraleja insuperable de la perdiz Brighton, su única amiga en el mundo.
Pasaron 69 años y...
Domino a los monjes con un solo dado, un salvaje tira de mi hacia el contorno irreal del vientre del mundo, no necesariamente solipsista. Horca de un chacal predispuesto a la lucha bajo el fulgor ocarino de un craneo insistente, sueño pedir peras al patíbulo mientras en el mostrador asoma el crimen a punto de caramelo. En el instante fugaz de minusculos montes apretados como muslos puertorriqueños baja la cuesta un galgo bastardo, temple inalterable de un sedicioso harén de pescadores. Al sur tintinea el botiquín, el llavero trepa por el camal de un orden mantecoso en la estela de un arco voltaico, el que agito cuando huyo de la humanidad.
Y el salmón... el salmón... ¡A LA CAZUELA!
escrito hascia el año 8471 desde el reinado del Padre Ubú (vulg. 1996)
LOS CAJONES
¡Oh vida mía! os encuentro cansada, derretida en bloques, irritada, deslizándoos absurda sobre el hielo áxido de mis alturas.
Remo sin impaciencia, impulsado por la festividad portuaria del músculo que aparta la brizna de hierba salpicada por un milímetro del testarudo girasol que ennoblece mi vida.
Dormito en el ascensor, océano de luz que enveneno raptando la cáscara física del platanero.
Tocotoc en el ascensor.
¿Porqué clamáis novedad, alma feroz, si vuestra poderosa roca caliza es risa impune a mi voz ?
Oh vida mia, levantaos y abrazad con vuestros tentáculos el tolón de esa campana que gime golpeando mi tumbita atravesada por el silencio de una burra, consumida en el silencioso desierto de una burra.
¡HURRA!
escrito hascia el año 8472 desde el reinado del Padre Ubú (vulg. 1997)
MADAME BERTHE DE COURRIÓRE
Ah ¡Qué me importa a mi toda tu belleza y hermosura si a pesar de ello y con otros tantos ms a favor de tu ternura tu agujero sigue siendo negro, negro, tan negro y oscuro como tu corazón, capitán Bordura !Ah Qué más me da a mi tu cordura!
Yo no juego con tus senos caídos, revoltosas lámparas de mortecino anillo, pero codicio tu aliento corroído por cien cumpleaños cumplidos, y esa grieta consumida por la viva llama del desvarío.
Ah ¡Qué me importa a mi toda tu belleza y hermosura si a pesar de ello y con otros tantos más a favor de tu ternura tu agujero sigue siendo negro, negro, tan negro y oscuro como tu corazón... Yo amo la altísima fiereza de tus lóbulos y el majestuoso crepúsculo que desciende, cual mugir de toro, hacia la gama colorista de las cuencas de tus ojos y esa ebria mirada hacia lo insólito, ese continuo asombro.
Ah ¡Qué me importa a mi el feligrés que desvía tu galeón y surca el mar bravo enfundándose la exóticas botas del desatino, si yo, arropado en el último vagón de tu tren, madame Berthe de Courrióre, agoto, con placer, la espesa y dulce miel de mi ser.
Ah ¡Qué me importa a mi toda tu belleza y hermosura si a pesar de ello y con otros tantos ms a favor de tu ternura tu agujero sigue siendo negro, negro, tan negro y oscuro como tu corazón, capitán Bordura !Ah Qué más me da a mi tu cordura!
Yo no juego con tus senos caídos, revoltosas lámparas de mortecino anillo, pero codicio tu aliento corroído por cien cumpleaños cumplidos, y esa grieta consumida por la viva llama del desvarío.
Ah ¡Qué me importa a mi toda tu belleza y hermosura si a pesar de ello y con otros tantos más a favor de tu ternura tu agujero sigue siendo negro, negro, tan negro y oscuro como tu corazón... Yo amo la altísima fiereza de tus lóbulos y el majestuoso crepúsculo que desciende, cual mugir de toro, hacia la gama colorista de las cuencas de tus ojos y esa ebria mirada hacia lo insólito, ese continuo asombro.
Ah ¡Qué me importa a mi el feligrés que desvía tu galeón y surca el mar bravo enfundándose la exóticas botas del desatino, si yo, arropado en el último vagón de tu tren, madame Berthe de Courrióre, agoto, con placer, la espesa y dulce miel de mi ser.
escrito hascia el año 8473 desde el reinado del Padre Ubú (vulg. 1998)